Es el fin del mundo. No, no fue ocasionado por el cambio climático; esa crisis quedó atrás hace mucho tiempo. Tampoco fue consecuencia de una guerra entre naciones. No. El fin del mundo se acerca en forma de un asteroide de proporciones titánicas que se dirige directamente hacia la Tierra. Todos los países intentaron detenerlo o destruirlo, pero cada esfuerzo resultó inútil.Ante la inminencia del desastre, un grupo de científicos decide que, si no pueden detener al asteroide, quizá puedan detener el tiempo. Alargar artificialmente los últimos instantes de la humanidad. Y así, minutos antes del Armagedón, los seres humanos logran extender su existencia. Pero el tiempo es una vibración, y cada persona vibra en una frecuencia distinta. Gracias a ello, cada individuo queda atrapado en su propio tiempo detenido, incapaz de interactuar con quienes existen en otras frecuencias temporales. Y aunque el tiempo exterior permanece congelado, el cuerpo sigue envejeciendo. Porque, a fin de cuentas, solo se detuvo el tiempo de afuera
Debbie es una mujer que nació dentro de ese tiempo congelado. Aunque nunca conoció físicamente a su madre, mantiene comunicación constante con ella a través de distintos medios tecnológicos. También pasa gran parte de su vida en el mundo virtual, donde utiliza un avatar para interactuar con personas que viven en otras vibraciones temporales. Debbie es feliz. Feliz en su tiempo detenido y feliz en ese mundo virtual que le permite sentirse acompañada
Tiselio también nació en el tiempo congelado, apenas diez minutos antes del impacto. A diferencia de Debbie, nunca conoció a sus padres y fue criado por una inteligencia artificial. Él también pasa tiempo en el mundo virtual, pero mientras otrxs acuden a fiestas o espacios de convivencia, él prefiere pasar sus días en el archivo, investigando sobre el mundo antiguo. Ese mundo donde existían los teatros, donde caía la lluvia y donde los pájaros todavía volaban. Tiselio nunca fue un conformista. Quería explorar, entender y encontrar respuestas. Por eso pasa gran parte de su tiempo recorriendo el mundo real, aunque este permanezca inmóvil y congelado a su alrededor. Una vida profundamente solitaria, si me lo preguntas.
Él vive enojado, buscando respuestas que nunca parecen llegar. Ella es feliz, pensando que tiene las respuestas, hasta que una tragedia la obliga a cuestionar todo aquello que daba por sentado. Dos personas que podrían conocerse, entenderse e incluso enamorarse. Dos personas que podrían compartir una vida. Pero que existen en tiempos personales distintos y están condenadas a no encontrarse jamás.
La última vez que detuvimos el tiempo es una obra de teatro escrita y dirigida por Antonio Alcántara. Una historia distópica de ciencia ficción que reflexiona sobre la necesidad humana de coexistir y, al mismo tiempo, cuestiona el sentido de la supervivencia. Porque, al final, la obra plantea una pregunta incómoda: ¿de qué sirve que la humanidad sobreviva si para lograrlo pierde aquello que la hace humana?
Más allá de la originalidad de su premisa y de los cuestionamientos filosóficos que propone, debo decir que es una obra que me encantó. En primer lugar, porque cuenta una historia diferente, capaz de partir de una idea aparentemente sencilla para construir un universo complejo, melancólico y profundamente reflexivo. En segundo lugar, porque logra hacerlo con una puesta en escena minimalista que apenas necesita unas cuantas luces para transportarnos a ese futuro distópico donde el tiempo se fracturó para siempre. Y en tercer lugar, porque el trabajo de Gabriela Montiel y Antonio Alcántara dando vida a Debbie y Tiselio está cuidadosamente construido.
Ambos crean personajes llenos de matices, contradicciones y emociones. Personajes que se sienten reales incluso cuando habitan una realidad imposible. Gracias a ello, el público logra conectar con sus conflictos y acompañarles durante todo el viaje emocional que propone la obra.
La última vez que detuvimos el tiempo es un drama intenso. De esos que no necesariamente tienen un final feliz. O quizá sí lo tienen, dependiendo de lo que signifique la felicidad para ti. Pero más allá de eso, es una obra que se disfruta de principio a fin. Porque no se conforma con ser una historia triste sobre el fin de la humanidad. También encuentra espacio para el humor, para la ternura y para esos pequeños momentos cotidianos que nos recuerdan por qué vale la pena seguir existiendo.
Y quizá esa sea su mayor virtud. Mientras muchas historias de ciencia ficción se obsesionan con explicar la tecnología, los viajes espaciales o las reglas de sus universos, La última vez que detuvimos el tiempo utiliza su premisa futurista para hablar de algo mucho más cercano: la soledad, la necesidad de conectar con otras personas y el miedo a atravesar la vida sin dejar huella. Porque al final, más aterrador que el impacto de un asteroide, es descubrir que pasamos nuestro tiempo buscando compañía en un universo donde nadie puede alcanzarnos.
Datos Generales
Lugar: La Teatrería – Tabasco #152, Colonia Roma Norte, Ciudad de México, CDMX
Costo del Boleto: $290 pesos
Funciones: Miércoles 20:30 hrs
Fecha de la temporada: Hasta el 26 de agosto, 2026.
Dramaturgia: Antonio Alcántara
Dirección: Antonio Alcántara
Actuaciones: Gabriela Montiel y Antonio Alcántara

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.