Nos tocó ir a una boda en San Miguel de Allende y, de regreso, decidimos que debíamos pasar, aunque fuera una noche y medio día, en Querétaro. Fue así que decidimos levantarnos temprano el domingo y tomar carretera rumbo al brunch del Jardín Hércules. Mientras nos echábamos nuestros tacos de barbacoa, quesadillas y embutidos artesanales, empezamos a buscar algún hotel en el Centro Histórico de la ciudad. Y la verdad fue un reto, porque ningún, o casi ningún, hotel del mero centro cuenta con estacionamiento.

De pronto, nos encontramos con Casa Yága. No, este hotel no tenía estacionamiento, pero tenía convenio con uno justo enfrente. Además, se encontraba a dos calles del Jardín Zenea y el precio era bastante accesible, así que decidimos reservar. Terminamos de comer, fuimos a la Pirámide de El Pueblito, recorrimos el centro y luego llegamos al hotel.

Resultó que el hotel fue construido en una antigua casona colonial, de esas que abundan en Santiágo de Querétaro, que fue restaurada y convertida en un pequeño y muy agradable hotel boutique, cuyo diseño combina el estilo colonial con elementos minimalistas, creando un ambiente bastante particular.

Nosotros reservamos la habitación Junior con balcón y la verdad fui muy fan del lugar. La habitación era sencilla, pero tenía todo lo necesario para pasar la noche: cama queen size muy cómoda, televisión, enfriador, que era casi un aire acondicionado, y un baño bastante completo.

El diseño de la habitación era moderno y minimalista, pero lo que más me gustó fueron las enormes ventanas. Eran dos grandes puertas de madera con ventanales que, al abrirlas, te permitían asomarte a un balcón con una espectacular vista de la calle tradicional del centro. Además, en lugar de cortinas, las ventanas tenían dos puertas de madera que las cubrían por completo, aislando la luz y el ruido. Muy al estilo colonial.

Terminamos molidos después de recorrer la ciudad y, como buenos chilangos, recorrer minuciosamente el HEB, que es casi una especie de atractivo turístico chilango. Pasamos a cenar al Café La Parroquia, que está justo frente al hotel, y después nos fuimos a echar a la cama mientras veíamos una película. Y la cama estuvo tan cómoda que no pasó mucho tiempo antes de que nos quedáramos dormidos.

Si, como yo, te estás preguntando si Casa Yága, al ser una casa tan antigua, tiene fantasmas, debes saber que no. Por lo menos en mi habitación, no.

A la mañana siguiente, lo primero que hicimos fue abrir las ventanas, preparar un café en la cafetera Chemex que tenían en la habitación y disfrutar del ambiente del centro, café en mano. ¡Toda una experiencia!

La verdad es que salimos encantados de Casa Yága. Lo digo porque el lugar es simplemente único, las habitaciones son cómodas y completas, la vista es muy agradable y el servicio fue impecable. Además, su ubicación resulta bastante práctica si quieres caminar por el Centro Histórico y tener prácticamente todo a unos cuantos pasos.

Al final, creo que Casa Yága terminó siendo uno de esos descubrimientos que haces casi de casualidad y que terminan haciendo todavía mejor un viaje. Nosotros solo queríamos pasar una noche en Querétaro y terminamos encontrando una casona bonita, una cama comodísima y una ventana desde la que podíamos empezar el día con café mientras veíamos despertar al centro. Así que sí, seguramente regresaremos la próxima vez que vayamos a Querétaro.

¿De a cómo y de a cuánto?
Dirección:
 Calle Hidalgo #10, Centro, Santiago de Querétaro, Qro.
Página Web: casayaga.com
Instagram: instagram.com/casa.yaga