Llevar a la pantalla una novela publicada hace más de 30 años implicó reconstruir una época, recorrer miles de kilómetros y coordinar a cientos de personas en distintas regiones de México. Para convertir Mal de amores, la novela de Ángeles Mastretta, en una serie, la producción trabajó durante 93 días en Puebla, Ciudad de México y San Luis Potosí, con la participación de talento mexicano y proveedores locales.
El resultado llegó a Netflix y, tras su estreno, la serie se colocó en el Top 10 global de producciones de habla no inglesa, además de aparecer entre los contenidos más vistos en 30 países. Detrás de esos números existe otra dimensión de la producción: la cantidad de personas, servicios y comunidades involucradas para recrear el México de finales del siglo XIX y principios del XX.
De acuerdo con las cifras de producción, más de 3,500 personas colaboraron durante el desarrollo del proyecto. De ellas, más de 625 integraron directamente el elenco y el equipo técnico, mientras que más de 600 proveedores locales participaron en diferentes etapas del rodaje.
Puebla y las locaciones que reconstruyen el México de principios del siglo XX
Puebla tuvo un papel central en la construcción visual de Mal de amores. Sus calles, edificios y paisajes sirvieron para recrear el México de una época marcada por los cambios sociales y políticos que antecedieron a la Revolución.
Entre las locaciones utilizadas se encuentran el Palacio Municipal y la Biblioteca Palafoxiana, además de distintos espacios de Atlixco desde los que pueden observarse los volcanes. El rodaje también llegó a municipios como Cuautinchán e Izúcar de Matamoros, donde fue necesario coordinar la participación de extras y trabajar en la preparación de las locaciones.
La reconstrucción histórica requirió recurrir también a coleccionistas de la región. Uno de los objetos utilizados fue un Ford T original de 1903, integrado a la ambientación de la serie.
El trabajo en territorio implicó una operación logística considerable. El equipo recorrió más de 125,000 kilómetros durante la búsqueda y selección de locaciones y reservó 10,800 noches de hotel a lo largo de la producción.
En total, los 93 días de filmación se distribuyeron entre Puebla, Ciudad de México y San Luis Potosí, generando contratación de servicios, hospedaje, transporte y otros trabajos relacionados con el rodaje en cada estado.
Vestuario y música para construir la época de Mal de amores
La reconstrucción de la época también pasó por el vestuario. El equipo elaboró más de 500 prendas originales utilizando fibras naturales, una parte del trabajo necesario para construir la apariencia de los personajes y acompañar visualmente el periodo en el que transcurre la historia.
La música ocupa otro lugar importante dentro de la serie. Para Mal de amores se creó un soundtrack que combina composición original con una selección musical vinculada a la época y a la sensibilidad de la historia.
La música original estuvo a cargo de Víctor Hernández Stumpfhauser, mientras que Annette Fradera realizó la selección de época y Camilo Lara participó en la producción musical. Más de 60 músicos colaboraron en la creación e interpretación de la banda sonora.
El álbum reúne también a distintas voces de la música contemporánea. Vivir Quintana participa con “Dolerás” y junto a Lila Downs en “Cuando nos vemos”; también aparecen Elsa y Elmar, Ximena Sariñana, Ely Guerra y Gaby Moreno.
Una novela de Ángeles Mastretta que regresa a nuevas generaciones
Mal de amores está basada en la novela homónima de Ángeles Mastretta y sigue a Emilia Sauri, una mujer que intenta vivir de acuerdo con sus propias convicciones en el México convulso y prerrevolucionario de finales del siglo XIX.
Su vida sentimental se encuentra dividida entre dos hombres. Daniel Cuenca, aventurero y revolucionario, está ligado a sus recuerdos de infancia y a una vida marcada por el movimiento y la incertidumbre. Antonio Zavalza, médico, representa una búsqueda distinta, la de cierta calma en medio de la guerra civil.
La historia también plantea las restricciones que enfrentaban las mujeres de la época y el conflicto entre las expectativas sociales y los deseos personales de Emilia.
Convertir una obra literaria con más de tres décadas de historia en una producción audiovisual permite que el relato circule entre públicos que quizá se acercan por primera vez al universo de Mastretta. La serie establece así otro camino de entrada a una novela que forma parte de la literatura mexicana contemporánea, mientras que su proceso de producción muestra el trabajo de artistas, técnicos, proveedores y comunidades que participaron en llevar esa historia a la pantalla.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.