¿Qué pueden revelar unos glóbulos rojos conservados durante siglos en dos punzones de hueso? ¿Qué historias cuentan los restos humanos encontrados en una torre de cráneos? Las respuestas forman parte de una nueva generación de investigaciones sobre la violencia ritual y los tratamientos del cuerpo en la antigua Mesoamérica.
Estos estudios se reúnen en Ritual violence and related body treatments in ancient Mesoamerica, un volumen coordinado por la académica Vera Tiesler y publicado por British Archaeological Reports (BAR), editorial especializada en estudios arqueológicos internacionales.
El libro fue presentado en el Museo Nacional de Antropología y reúne el trabajo de 36 investigadores de distintas instituciones, entre ellas el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH). Sus 18 capítulos incorporan investigaciones de diferentes periodos, culturas y regiones de Mesoamérica, además de metodologías que permiten aproximarse a las prácticas rituales desde nuevas evidencias.
Nuevas herramientas para estudiar los sacrificios en Mesoamérica
Una de las características del volumen es la combinación de arqueología con disciplinas como la arqueometría, la arqueotanatología, el análisis de isótopos y la paleogenética.
Estas herramientas permiten estudiar los restos materiales y humanos desde perspectivas que hace algunas décadas no estaban disponibles. El reto, explicó Vera Tiesler durante la presentación, consiste en interpretar esos hallazgos a partir de los sistemas de creencias que pudieron existir en las sociedades prehispánicas, evitando trasladar conceptos contemporáneos a prácticas de otros tiempos.
Tiesler, académica de la Universidad Autónoma de Yucatán, ya había abordado el tema junto con Andrea Cucina en el libro Nuevas perspectivas sobre el sacrificio humano y los tratamientos rituales del cuerpo en la antigua sociedad maya, publicado en 2007.
El nuevo volumen amplía considerablemente ese panorama. Las investigaciones abarcan distintas temporalidades, religiones y civilizaciones mesoamericanas, y retoman descubrimientos realizados durante las últimas dos décadas en sitios como Tenochtitlan, Uxul, Tikal, El Zapotal, Teotihuacan, Toniná y Chichén Itzá.
Entre ellos se encuentra el Huei Tzompantli de Tenochtitlan, una de las evidencias arqueológicas que han obligado a replantear algunas ideas sobre las personas que fueron víctimas de sacrificios.
El caso de K’ab’al Xook y la evidencia del autosacrificio maya
Uno de los ejemplos que destaca Tiesler corresponde a la señora K’ab’al Xook, esposa principal del gobernante maya Escudo Jaguar, también conocido como Itzamnaaj B’ahlam, en Yaxchilán.
La investigación involucró a un equipo interdisciplinario en el que participaron Luisa Mainou Cervantes y Luisa Straulino Mainou, de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural del INAH. El equipo examinó mediante microscopía electrónica de barrido dos punzones tallados en hueso animal que procedían de la tumba de K’ab’al Xook.
En la parte posterior de la zona distal de ambos objetos se identificaron áreas de color café rojizo. El análisis determinó que correspondían a células sanguíneas que habían logrado conservarse.
El hallazgo adquiere especial relevancia al compararlo con las representaciones de K’ab’al Xook en monumentos de Yaxchilán, entre ellos el Dintel 24, donde aparece participando en rituales de autosacrificio.
El caso muestra cómo el análisis científico puede aportar evidencia material para interpretar prácticas que también fueron representadas en el arte maya. La violencia ritual, por tanto, no se estudia únicamente desde los restos humanos o las representaciones iconográficas, sino a partir de una combinación de fuentes y metodologías.
El Huei Tzompantli revela una composición diversa de las víctimas
Otro de los capítulos del libro está dedicado a la infraestructura de la violencia ritual en Mesoamérica y presenta los trabajos realizados en el Huei Tzompantli de Tenochtitlan por especialistas del Programa de Arqueología Urbana del INAH.
Raúl Barrera Rodríguez, Lorena Vázquez Vallín y Jorge Gómez Valdés participan en este apartado, que aborda los descubrimientos realizados en esta estructura de cráneos, cuya actividad se sitúa entre 1428 y 1521 d.C.
Para los análisis fueron extraídos 214 cráneos. Los resultados ofrecen datos sobre las edades y el sexo de las personas inmoladas. El grupo predominante corresponde a adultos jóvenes de entre 15 y 29 años, que representan el 64% de los individuos estudiados. En cuanto al sexo, 46.3% eran hombres y 37.4% mujeres, mientras que 8.4% correspondía a infantes.
La presencia de mujeres y niños plantea preguntas sobre la composición de las víctimas y sobre el papel que desempeñaban dentro de los rituales. Lorena Vázquez Vallín señaló que estos datos cuestionan la idea de que el Huei Tzompantli estuviera destinado exclusivamente a guerreros cautivos varones.
La evidencia también abre una discusión sobre la identidad de las personas sacrificadas a Huitzilopochtli y sobre la propia concepción de guerrero o combatiente en la sociedad mexica.
Un acercamiento interdisciplinario al cuerpo en la antigua Mesoamérica
Los 18 capítulos de Ritual violence and related body treatments in ancient Mesoamerica parten de una pregunta que ha acompañado durante décadas a la arqueología mesoamericana: cómo comprender las prácticas de sacrificio y tratamiento ritual del cuerpo dentro de las sociedades que las llevaron a cabo.
El volumen incorpora descubrimientos recientes y metodologías científicas para ampliar esa discusión. También propone mirar estas prácticas desde los sistemas culturales y religiosos de sus protagonistas, una perspectiva que permite alejarse de interpretaciones aisladas y relacionar los hallazgos arqueológicos con otros testimonios del pasado.
La publicación reúne así investigaciones sobre distintos pueblos y periodos de Mesoamérica, desde los contextos mayas hasta Tenochtitlan, y coloca nuevas evidencias científicas en una conversación que todavía tiene preguntas abiertas sobre el significado, los participantes y las circunstancias de los rituales.

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