Es curioso. Cuando era niño, los puestos de lámina eran el último recurso para comer en la calle. Se les veía como lugares poco higiénicos, baratos e improvisados. Eran esos sitios a los que ibas porque el presupuesto no alcanzaba o porque simplemente no había otra opción. Sí, siempre existieron puestos legendarios que lograron trascender su colonia y hacerse famosos en toda la ciudad, entonces llamada Distrito Federal. Pero eran la excepción. En el imaginario colectivo, los puestos de lámina estaban lejos de ser un destino gastronómico. Eran, más bien, una alternativa nacida de la necesidad.
Hasta que llegó la gentrificación. Y la gentrificación no perdona. Así como transformó colonias enteras de la Ciudad de México, también terminó apropiándose de la estética y del concepto de los puestos de lámina. Hoy basta con caminar por la Roma o la Condesa para encontrarse con un sinfín de locales montados bajo estructuras metálicas, impulsados por chefs y empresarixs reconocidxs, donde se sirve desde cocina de autor hasta versiones sofisticadas de la comida callejera.

Chalino Chino es uno de esos puestos que nacieron de esa transformación. Un proyecto que comenzó como un pequeño local de mariscos donde se mezclan los sabores de Sinaloa con influencias de la cocina oriental. La idea es sencilla. Servir mariscos frescos con un toque contemporáneo que demuestra que la cocina sinaloense puede dialogar con otras tradiciones sin perder su identidad. Un concepto tan bien definido que terminó conquistando las redes sociales y convirtiéndose en uno de los puestos más fotografiados de la Roma Norte. El éxito fue tal que, poco tiempo después, abrió una sucursal en San Miguel Chapultepec y otra más en Coyoacán.
¿Qué tiene de especial Chalino Chino? Su propuesta consiste en combinar ingredientes y técnicas de la cocina sinaloense con elementos de distintas cocinas asiáticas de una manera bastante natural. El resultado no pretende reinventar los mariscos, sino ofrecer versiones diferentes de platillos que ya conocemos. Para entender mejor la idea, basta con echar un vistazo al menú.
Para empezar están las Pescadillas Primavera, unas quesadillas de maíz rellenas de pescado salteado con verduras al wok, cebolla, habanero encurtido y salsa tare. También encontrarás los Wontons de Chicharrón Prensado con camarón, salsa Sichuan Machalina y vinagre negro, además del Cóctel Alma Enamorada, una reinterpretación del tradicional cóctel de camarón con salsas e ingredientes de inspiración oriental.

Si prefieres algo más fresco, puedes pedir un Tiradito Atún-Lino preparado con atún aleta amarilla, jengibre y salsa teriyaki; el Ceviche Perichuan, que mezcla la tradición peruana con la salsa Sichuan Machalina, o el Aguachile Verde Sichuan, elaborado con camarón encurtido, salsa verde, chile morita, jengibre y pimienta de Sichuan. También hay Camarones Katsu, empanizados al estilo japonés, y el Chaligohan, un arroz al vapor que funciona como el acompañamiento perfecto para cualquiera de los platillos.
Y sí, prácticamente ese es todo el menú. Apenas una decena de platillos entre pescadillas, wontons, ceviches, tiraditos y aguachiles. Un menú corto que les permite reducir la merma, mantener un mejor control de calidad y concentrarse en ejecutar bien cada receta. La comida es buena y los ingredientes se sienten frescos. Sin embargo, debo admitir que la mezcla de sabores es mucho más sutil de lo que esperaba. Más que encontrarte con una propuesta completamente distinta, da la impresión de estar comiendo un ceviche cualquiera o un aguachile común con pequeños guiños orientales que complementan el plato, pero que rara vez se convierten en el sabor dominante.

Quizá ahí radica parte del éxito de Chalino Chino. En lugar de buscar combinaciones extravagantes para llamar la atención, apuesta por cambios discretos que hacen que cualquier persona pueda acercarse a su propuesta sin sentirse fuera de lugar. Es una cocina que toma prestadas ideas de distintas culturas sin dejar que una opaque a la otra.
¿Vale la pena visitarlo? Yo diría que sí, sobre todo si quieres conocer uno de los proyectos gastronómicos que mejor representan esa nueva generación de puestos de lámina que nacieron con la gentrificación y terminaron convirtiéndose en destinos culinarios por derecho propio. Tal vez no revolucione la cocina sinaloense ni la asiática, pero sí demuestra que ambas pueden convivir en el mismo plato mientras disfrutas de una comida relajada en uno de los rincones más concurridos de la Roma Norte.
Prepara tu Visita
Costo por persona: De $500 a $800 pesos
Instagram: instagram.com/chalinochino.mx
Sucursal San Miguel Chapultepec: Juan de la Barrera #143, San Miguel Chapultepec, Ciudad de México, CDMX
Sucursal Coyoacán: PROXIMAMENTE

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.