Durante mucho tiempo, abrir una botella de vino en México parecía requerir una razón concreta. Una cena importante, un aniversario, una celebración familiar. Esa relación todavía existe, pero poco a poco la bebida ha comenzado a ocupar otros espacios: un brunch de domingo, una comida entre amigos, una tarde cocinando en casa o una sobremesa que se alarga sin necesidad de celebrar nada.
El cambio está relacionado con una transformación en los hábitos de consumo de alcohol. Las nuevas generaciones tienden a beber con menor frecuencia y muestran interés por opciones de menor graduación alcohólica, además de bebidas que puedan integrarse con mayor naturalidad a distintos momentos sociales.
Dentro de esta evolución aparece el Lambrusco, un vino italiano asociado tradicionalmente con la región de Emilia-Romaña y conocido por sus versiones frescas, frutales y ligeramente dulces. En México, Riunite comercializa una etiqueta de Lambrusco naturalmente dulce con 8% de alcohol, una característica que la coloca dentro de una categoría de vinos pensados para consumirse en ocasiones menos formales.
Cómo están cambiando los hábitos de consumo de vino en México
La relación entre los mexicanos y el vino se ha vuelto más diversa. Aunque las celebraciones familiares y las comidas especiales siguen teniendo un peso importante, cada generación ha incorporado nuevos momentos para beberlo.
Los Baby Boomers y buena parte de la Generación X mantienen una relación cercana con el vino como parte de las tradiciones familiares y de las reuniones alrededor de la mesa. Para ellos, la botella suele estar vinculada a celebraciones y encuentros que tienen un significado particular.
Los Millennials ampliaron ese repertorio. El vino empezó a aparecer con mayor frecuencia en cenas informales, reuniones después del trabajo, escapadas de fin de semana y experiencias gastronómicas donde la convivencia ocupa un lugar central.
La Generación Z lleva esta transformación hacia un consumo todavía más espontáneo. Con cerca de una cuarta parte de la población, de acuerdo con la información proporcionada, este grupo registra un consumo de alcohol más ocasional y muestra afinidad por bebidas saborizadas y de menor graduación alcohólica.
La diferencia no está únicamente en cuánto se bebe, sino en el momento elegido para hacerlo.
El Lambrusco encuentra nuevas ocasiones de consumo
El perfil del Lambrusco permite entender parte de esta transformación. Riunite plantea una versión naturalmente dulce con 8% de alcohol, características que la marca relaciona con una manera menos protocolaria de acercarse al vino.
La etiqueta conserva su referencia a la tradición italiana, pero se incorpora a situaciones cotidianas en las que una botella puede acompañar una comida entre amigos, una reunión improvisada o una tarde en casa.
Jonathan Campos, Director de Marketing de IDI, empresa responsable de la comercialización de Riunite en México, señala que el vino ha comenzado a desprenderse de algunos de los protocolos que durante años condicionaron su consumo. Desde su perspectiva, una misma botella puede reunir a distintas generaciones alrededor de una mesa y, al mismo tiempo, formar parte de encuentros mucho más casuales.
La categoría también ha comenzado a diversificarse en cuanto a estilos. Aunque el vino tinto conserva el liderazgo, existe un mayor interés por rosados, espumosos y vinos jóvenes, relacionados con la búsqueda de perfiles frescos y versátiles.
Una botella puede acompañar distintas generaciones
La evolución del vino también tiene una dimensión social. Una comida familiar puede reunir a tres generaciones con preferencias diferentes, mientras una reunión entre amigos puede incorporar la misma bebida dentro de un contexto completamente distinto.
Riunite ha utilizado esta idea para reunir a tres personalidades vinculadas con diferentes formas de relacionarse con el vino. Isabel Lascurain representa la conexión con las tradiciones y las celebraciones familiares; Wattsopa se relaciona con la incorporación del vino a momentos cotidianos entre Millennials, y Andy Badillo con una generación interesada en experiencias espontáneas y estilos de vida más ligeros.
La selección refleja una transformación que ocurre también fuera de las campañas de las marcas: las ocasiones para consumir vino se han multiplicado y ya no dependen necesariamente de una fecha marcada en el calendario.
Del brindis formal a la sobremesa cotidiana
La idea del vino como bebida reservada para ocasiones especiales todavía forma parte de la cultura gastronómica mexicana, pero comparte espacio con una relación mucho más cotidiana.
Una botella puede aparecer junto a una receta preparada entre amigos, acompañar un brunch o convertirse en parte de una sobremesa que se extiende sin un motivo particular. El cambio también habla de una generación de consumidores que parece menos interesada en seguir reglas rígidas alrededor de lo que se bebe y cuándo hacerlo.
El vino, al menos en algunos segmentos, está dejando de esperar una celebración para llegar a la mesa. La ocasión especial ya no siempre es el punto de partida. A veces basta con que haya comida, compañía y tiempo para quedarse un rato más.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.