Hay historias que pertenecen al terreno de las leyendas urbanas. Relatos que se transmiten de voz en voz y que con el tiempo terminan mezclándose con la imaginación colectiva de una ciudad. Pero también existen historias que no necesitan fantasmas para provocar escalofríos.
Porque ocurrieron de verdad.
La tarde del 31 de julio de 2015, la colonia Narvarte dejó de ser solamente uno de los barrios más tranquilos y reconocibles de la Ciudad de México para convertirse en el escenario de uno de los crímenes más impactantes y dolorosos de la historia reciente del país.
Todo ocurrió en un departamento ubicado en el número 1909 de la calle Luz Saviñón.
Al interior fueron asesinadas cinco personas: el fotoperiodista Rubén Espinosa Becerril, la activista Nadia Vera, la modelo Mile Virginia Martín, la maquilladora Yesenia Quiroz y la trabajadora doméstica Olivia Alejandra Negrete.
Los cuerpos fueron encontrados esa misma noche.
De acuerdo con la entonces Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal, las víctimas presentaban heridas por disparo de arma de fuego en la cabeza y señales de forcejeo.
La noticia se propagó rápidamente por toda la ciudad.
La magnitud del crimen resultaba difícil de comprender.
Cinco personas asesinadas dentro de un departamento en una zona residencial de la capital.
Cinco vidas interrumpidas en cuestión de horas.
Pero desde el inicio hubo un elemento que colocó el caso bajo una atención especial.
Rubén Espinosa había llegado a la Ciudad de México apenas un mes antes.
Había dejado Veracruz después de denunciar amenazas relacionadas con su trabajo periodístico.
Nadia Vera, activista y amiga cercana de Rubén, también había expresado públicamente preocupaciones sobre el clima de hostigamiento que enfrentaban periodistas y activistas en aquel estado.
Aquellos antecedentes hicieron que el caso trascendiera rápidamente las páginas policiacas.
La investigación comenzó de inmediato.
Durante los días siguientes fueron detenidas varias personas presuntamente involucradas en el crimen. Con el tiempo, tres autores materiales fueron procesados y condenados.
Sin embargo, conforme avanzaban los meses, las preguntas comenzaron a multiplicarse.
La principal línea de investigación impulsada por las autoridades apuntó hacia un robo.
Pero familiares, amistades y organizaciones acompañantes insistieron en que otras hipótesis debían ser exploradas con la misma profundidad.
Particularmente aquellas relacionadas con la labor periodística de Rubén Espinosa y el activismo de Nadia Vera.
Las dudas crecieron aún más cuando comenzaron a surgir señalamientos sobre irregularidades durante la investigación.
Artículo 19 acusó filtraciones ilegales de información sensible del expediente, incluyendo fotografías y datos personales de las víctimas. Años después, diversas resoluciones confirmarían que hubo vulneraciones a la privacidad de quienes fueron asesinadas.
También surgieron cuestionamientos sobre el manejo de la escena del crimen, el seguimiento de distintas líneas de investigación y la negativa a profundizar en algunas hipótesis planteadas por las familias.
Mientras tanto, la exigencia de justicia no se detuvo.
Cada aniversario del caso volvió a reunir a familiares, periodistas, activistas y organizaciones de derechos humanos.
Los nombres de las víctimas comenzaron a aparecer en murales, memoriales, manifestaciones y actos públicos.
Porque el paso del tiempo no trajo respuestas definitivas.
Trajo más preguntas.
En 2017, los abogados de las familias insistieron en la necesidad de investigar vínculos que pudieran relacionar el crimen con amenazas previas sufridas por Rubén Espinosa y Nadia Vera en Veracruz. También señalaron que las características de los disparos sugerían agresores con entrenamiento en el manejo de armas.
Ese mismo año, la Comisión de Derechos Humanos del entonces Distrito Federal concluyó que se habían vulnerado los derechos a la intimidad y privacidad de las víctimas y determinó que el caso no fue investigado con perspectiva de género.
A pesar de los avances judiciales y de las condenas obtenidas contra tres autores materiales, la investigación continuó abierta.
Y así permaneció durante los años siguientes.
En cada aniversario, las familias repitieron el mismo reclamo.
Verdad.
Justicia.
Y el esclarecimiento total de los hechos.
Porque, aunque existen personas sentenciadas por el crimen, continúa sin existir una explicación definitiva sobre el móvil del multihomicidio.
Además, familiares y representantes legales han sostenido que existen elementos que apuntan a la participación de más personas y a una red más amplia de involucrados, líneas que, según han denunciado públicamente, no han sido investigadas de manera exhaustiva.
Diez años después de aquella tarde de julio, la herida permanece abierta.
Han pasado administraciones federales, gobiernos locales, procuradores y fiscales.
Han cambiado las instituciones.
Han cambiado las autoridades.
Pero la exigencia sigue siendo la misma.
¿Qué ocurrió realmente en aquel departamento de Luz Saviñón?
La historia del caso Narvarte no es solamente la historia de un crimen.
Es también la historia de una búsqueda persistente de verdad.
Una búsqueda que comenzó el 31 de julio de 2015 y que, para muchas personas, todavía no ha terminado.
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Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.