Durante mucho tiempo, hablar de éxito profesional estuvo ligado a la idea de estar siempre disponible, soportar largas jornadas y responder bajo presión. El bienestar parecía ocupar un lugar secundario frente a los resultados. Hoy, esa relación comienza a cambiar y también plantea una pregunta incómoda para quienes ocupan posiciones de liderazgo: ¿hasta dónde vale la pena llevar la exigencia profesional?
Para Lulú Mangas, directora general de Grupo TOP, la respuesta no está en trabajar menos, sino en encontrar una manera sostenible y congruente de organizar las distintas áreas de la vida. Su planteamiento parte de una idea sencilla, aunque difícil de llevar a la práctica: cada persona necesita construir su propia definición de equilibrio.
La conversación también tiene una dimensión empresarial. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que alrededor del 15% de los adultos en edad laboral vive con algún trastorno mental. La depresión y la ansiedad, además, provocan cada año la pérdida de aproximadamente 12 mil millones de días de trabajo y representan un costo cercano a un billón de dólares en productividad a nivel global.
El bienestar laboral también es un asunto de resultados
El bienestar dejó de ser una conversación limitada a la esfera personal. También tiene consecuencias sobre la forma en que funcionan las organizaciones.
Un análisis de Gallup que reúne 736 estudios, 183,806 unidades de negocio y 3.35 millones de empleados en 90 países encontró una diferencia de 23% en rentabilidad y de 18% en productividad entre las organizaciones con mayores niveles de engagement y aquellas con menor compromiso.
Para Mangas, estos datos no deberían interpretarse como una invitación a reducir la exigencia. La cuestión está en reconocer que las personas forman parte de la ecuación de resultados.
“Hablar de bienestar no significa bajar la exigencia. Significa entender que las personas son parte de la ecuación de resultados. La exigencia sí puede convivir con la pasión, la empatía y la responsabilidad”, señala.
Desde esta perspectiva, el equilibrio tampoco equivale a cumplir un horario rígido. Hay etapas en las que el trabajo demanda una concentración mayor y otras en las que es posible reducir el ritmo y dedicar más tiempo a la vida personal.
“A veces trabajo full time y otras prácticamente no voy a la oficina. Para mí, el equilibrio no está en cumplir un horario determinado, sino en ser responsable de lo que haces, entender tus prioridades y ser congruente con la vida que quieres construir”, explica.
Liderar desde el ejemplo y no desde el discurso
La manera en que una persona dirige también influye en la cultura de una organización. Para Mangas, esa influencia ocurre principalmente a través del comportamiento cotidiano.
“Como líder, todo se transmite con el ejemplo. Si soy disciplinada, comprometida y respondo cuando el equipo me necesita, eso inspira mucho más que cualquier discurso”, afirma.
La OMS también reconoce que el trabajo puede convertirse en un factor protector para la salud mental cuando existen condiciones laborales saludables. En cambio, las cargas excesivas y la falta de control pueden convertirse en riesgos para el bienestar.
La diferencia, entonces, no parece estar únicamente en cuánto se trabaja, sino en las condiciones en que se desarrolla ese trabajo y en el margen que tienen las personas para tomar decisiones sobre su propia vida profesional.
Tres claves para construir un liderazgo sostenible
A partir de su experiencia, Lulú Mangas plantea tres elementos para pensar el equilibrio profesional desde una perspectiva menos rígida.
Entender qué quieres y por qué lo quieres. Tener claridad sobre aquello que se quiere construir permite establecer prioridades y asumir el esfuerzo necesario para alcanzarlas. La pasión y la disciplina forman parte de ese proceso.
Aceptar que el equilibrio cambia. La distribución del tiempo no permanece igual durante toda la vida. Existen periodos de máxima exigencia y otros en los que es posible bajar el ritmo. Reconocer esas etapas también implica asumir responsabilidad sobre las propias prioridades.
Liderar desde la congruencia. Si una organización habla de empatía, compromiso, responsabilidad o bienestar, quienes la dirigen necesitan reflejar esos valores en sus propias decisiones. El ejemplo cotidiano tiene un peso particular en la construcción de una cultura laboral.
Las mujeres enfrentan una presión particular en puestos directivos
La conversación adquiere otra dimensión cuando se observa desde la experiencia de las mujeres en posiciones de liderazgo. De acuerdo con Women in the Workplace 2025, 56% de las mujeres senior consideró seriamente dejar su organización durante el último año, frente a 52% de los hombres.
El mismo estudio señala que 60% de las mujeres senior reportó burnout frecuente, una cifra que llega a 70% entre quienes llevan cinco años o menos en su empresa.
Para Mangas, estos datos se relacionan con una presión que muchas mujeres han experimentado en su trayectoria profesional: la necesidad de demostrar que pueden hacerse cargo de todo al mismo tiempo.
“Yo también he pasado por ese proceso. Con los años entendí que no se trata de demostrar que puedes hacerlo todo al mismo tiempo, sino de ser responsable de tus decisiones y entender qué necesita cada etapa de tu vida”, comparte.
La idea modifica también la forma de entender el éxito. En lugar de medirlo únicamente por la capacidad de soportar jornadas intensas o responder ante cualquier circunstancia, el liderazgo sostenible incorpora la posibilidad de construir una carrera profesional sin dejar completamente de lado el resto de la vida.
El equilibrio profesional se construye todos los días
Para Mangas, encontrar esa relación entre trabajo y vida personal no es un objetivo que se alcanza de una vez. Es un proceso que requiere revisar prioridades, tomar decisiones y aceptar que estas pueden cambiar.
“No tenemos que esperar a tener más tiempo o a terminar un proyecto. El proceso empieza hoy. El equilibrio no significa trabajar menos, significa vivir con pasión, responsabilidad y congruencia las diferentes áreas de nuestra vida”, sostiene.
La discusión sobre bienestar laboral, entonces, también plantea una transformación en la manera de entender el liderazgo. La productividad y la exigencia siguen formando parte de la ecuación, pero conviven con preguntas sobre salud mental, compromiso, autonomía y calidad de vida.
El desafío para las empresas está en crear condiciones donde estos elementos puedan coexistir. Para quienes ocupan posiciones de liderazgo, quizá la pregunta ya no sea cuánto trabajo pueden soportar, sino qué tipo de vida y de organizaciones están construyendo mientras alcanzan sus objetivos.
Fuentes: Organización Mundial de la Salud (OMS), Salud mental en el trabajo; Gallup, Q12 Meta-Analysis Report; McKinsey & Company / LeanIn.Org, Women in the Workplace 2025; Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS), NOM-035-STPS-2018.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.