Septiembre tiene una forma particular de reunir a la gente alrededor de la comida. La tarde puede comenzar con unos esquites mientras llegan los invitados, continuar con tacos al pastor y unas flautas de pollo para compartir, y terminar con una sobremesa que se alarga hasta convertirse en cena. No hace falta demasiada planeación cuando hay buena comida, compañía y tiempo para quedarse un rato.
En estas reuniones, el maridaje puede modificar la manera en que se perciben los sabores. Una copa de Mionetto Prosecco, servida fría, incorpora frescura y una burbuja fina que contrasta con algunos de los elementos habituales de la cocina mexicana.
Mionetto Prosecco y los sabores mexicanos
Los esquites son un buen punto de partida. El maíz dulce, el limón, el chile, el queso y la cremosidad forman una combinación intensa que encuentra equilibrio en una bebida fresca. Las burbujas del Prosecco ayudan a limpiar el paladar después de cada bocado, dejando espacio para volver a probar la mezcla de sabores.
Con los tacos al pastor, el contraste cambia. La carne condimentada, las especias, la cebolla, el cilantro, el limón y la piña encuentran un acompañamiento en las notas frutales y la acidez de Mionetto. El resultado es una combinación refrescante frente a la intensidad del adobo y el toque dulce de la fruta.
Las flautas de pollo también tienen su propio juego de texturas. Su exterior crujiente, acompañado de salsa, crema, queso y aguacate, puede encontrar en la efervescencia del Prosecco un contrapunto ligero, especialmente cuando aparece el picante.
Una copa para alargar la sobremesa
El maridaje no ocurre únicamente en el plato. También forma parte del ambiente de una comida que empieza temprano y se extiende sin demasiadas reglas. Servir una primera copa mientras termina de prepararse la comida, aprovechar una terraza cuando baja el calor o poner música durante la cena son pequeños elementos que terminan definiendo la experiencia.
La propuesta de Mionetto para septiembre parte precisamente de los clásicos de la mesa mexicana, sin necesidad de modificar las recetas. Una copa fría puede acompañar una comida cotidiana o convertirse en parte de una reunión familiar o entre amigos.
Al final, las noches mexicanas también se construyen con esos momentos espontáneos que no estaban necesariamente en el calendario. Una sobremesa que se alarga, una conversación que cambia de rumbo o una comida que termina mucho después de lo previsto pueden ser suficientes para convertir un día cualquiera en una ocasión para reunirse.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.