Durante décadas, Acapulco fue uno de los nombres más reconocibles del turismo mexicano. Sus playas, la vida nocturna, los hoteles frente al Pacífico y su historia como destino internacional construyeron una imagen que parecía indestructible. Los últimos años, sin embargo, obligaron al puerto a replantearse esa identidad.

Ahora, mientras el turismo comienza a recuperar fuerza, también aparece otra posibilidad para Acapulco: que la gastronomía tenga un papel más importante dentro de la experiencia de viajar al puerto.

De acuerdo con la Secretaría de Turismo, Acapulco se encuentra entre los destinos mexicanos con mayor crecimiento proyectado para la temporada de verano de 2026, con un incremento estimado de 20% en la llegada de turistas respecto al mismo periodo de 2025.

La cifra habla de recuperación turística, pero también abre una pregunta interesante. ¿Puede Acapulco conseguir que algunas personas viajen al puerto pensando también en qué van a comer?

Cuando la gastronomía se convierte en motivo de viaje

La relación entre turismo y gastronomía ha cambiado. Para muchos viajeros, conocer un destino implica también conocer aquello que se come en sus calles, mercados y restaurantes. En algunos casos, incluso, una mesa puede convertirse en el motivo principal para hacer la maleta.

Oaxaca es un ejemplo de cómo la cocina puede modificar la percepción turística de una ciudad y de un estado. Sus cocineras tradicionales y restaurantes contemporáneos contribuyeron a colocar la gastronomía oaxaqueña en el mapa internacional. Algo parecido ocurrió en el Valle de Guadalupe, donde los restaurantes y las vinícolas se convirtieron en parte fundamental de la experiencia turística de Baja California.

Acapulco tiene una historia gastronómica propia, pero ahora atraviesa un momento en el que esa cocina puede adquirir un nuevo peso dentro de la identidad del destino. La conversación tampoco depende exclusivamente de restaurantes recién inaugurados. También están aquellos establecimientos que llevan años formando parte de la escena local y que han evolucionado junto con el puerto.

La gastronomía de Acapulco también se disfruta frente al Pacífico

Uno de los espacios que forman parte de esta conversación es Banyan Tree Cabo Marqués, cuya propuesta gastronómica combina sabores locales e internacionales con las vistas de la costa de Guerrero.

En Las Rocas Grill and Bar, por ejemplo, los sabores guerrerenses se encuentran con el paisaje de la Bahía de Puerto Marqués. Entre las opciones se encuentra el pescado a la talla, acompañado por la Mezcalina, cóctel insignia del lugar. La experiencia está marcada por el sonido del mar y la ubicación del restaurante sobre el risco.

La propuesta gastronómica del complejo también se mueve hacia otras cocinas. Saffron está dedicado a la gastronomía tailandesa, mientras Cello ofrece cocina italiana. A esto se suma Bar Las Vistas, donde los cócteles de autor, la música en vivo y el atardecer forman parte de la experiencia.

Son propuestas distintas entre sí, pero comparten algo importante para un destino turístico como Acapulco: la posibilidad de relacionar lo que ocurre en el plato con el paisaje que existe alrededor.

Acapulco atraviesa una nueva etapa turística

El momento coincide con las previsiones de crecimiento para el turismo nacional. Para este verano, las autoridades turísticas estiman que México alcanzará 22.4 millones de turistas hospedados en hoteles, una cifra que refleja el movimiento que mantiene la actividad turística del país.

Para Acapulco, la recuperación de visitantes representa también la oportunidad de ampliar la manera en que se cuenta la historia del puerto. Durante mucho tiempo, sus playas fueron suficientes para explicar por qué alguien debía viajar hasta Guerrero. Hoy, la experiencia turística puede construirse desde distintos ángulos, entre ellos la gastronomía.

El reto está en conseguir que la comida local y las propuestas de sus restaurantes formen parte de la identidad que los viajeros asocian con Acapulco. Porque un destino también se recuerda por lo que ocurre alrededor de una mesa, por los sabores que aparecen después de un día en la playa y por esos restaurantes que terminan formando parte de la memoria de un viaje.

Acapulco está recuperando visitantes, pero también tiene la oportunidad de recuperar una conversación que va más allá de sus playas. La gastronomía puede ser una de las formas de contar el nuevo capítulo del puerto, desde sus sabores guerrerenses hasta las cocinas internacionales que hoy conviven frente al Pacífico.