¿Qué ocurre en la mente de una persona que mata? La pregunta parece tener una respuesta sencilla cuando se observa desde la distancia, pero se vuelve mucho más compleja al escuchar a quienes han cometido asesinatos y tratar de entender qué los llevó hasta ahí.

Esa es una de las preguntas que atraviesan Crímenes atroces, el nuevo libro del criminólogo Enrique Zúñiga, quien reúne parte de la experiencia acumulada durante más de dos décadas de conversaciones con asesinos y personas privadas de la libertad.

El libro se acerca a asesinatos seriales, feminicidios, masacres, desapariciones y otros episodios de violencia extrema a partir de testimonios y análisis criminológico. El objetivo no es reconstruir los casos desde el morbo, sino aproximarse a las circunstancias, pensamientos y contextos que rodean a quienes los cometieron.

Enrique Zúñiga cuestiona la idea del asesino como un monstruo

Uno de los planteamientos centrales de Crímenes atroces es también uno de los más incómodos: llamar “monstruo” a una persona que comete un asesinato puede facilitar que dejemos de preguntarnos cómo llegó hasta ahí.

Para Zúñiga, detrás de los actos más violentos siguen existiendo personas. Reconocerlo no significa justificar sus acciones, sino intentar comprender las condiciones, motivaciones y circunstancias que pueden conducir a alguien hacia una violencia extrema.

Los testimonios reunidos en el libro muestran que tampoco existe una explicación única. Algunos asesinos atribuyen sus actos al odio, los celos, el miedo o la venganza. Otros son incapaces de explicar con claridad por qué mataron.

Después de miles de conversaciones, el autor reconoce que quizá no siempre sea posible encontrar una respuesta definitiva.

Qué significa el overkill en un crimen

El libro también se detiene en una característica particularmente perturbadora de algunos asesinatos: cuando la violencia ejercida sobre la víctima parece superar aquello necesario para provocar su muerte.

A partir del concepto criminológico overkill, o sobrematar, Zúñiga analiza casos en los que los cuerpos son mutilados, destruidos o exhibidos después del asesinato.

Estas acciones pueden tener distintas funciones dentro de una dinámica criminal. En determinados casos, la violencia adicional puede utilizarse para generar miedo, intimidar o enviar un mensaje a otras personas.

La pregunta deja entonces de ser únicamente por qué alguien mata y se extiende hacia otra cuestión: por qué, en ciertos casos, necesita ejercer una violencia todavía mayor.

La violencia también puede ser planeada por quienes nunca la ejecutan

Otra parte de Crímenes atroces amplía la mirada más allá del autor material de un asesinato.

Zúñiga analiza también a quienes ordenan, organizan o planean actos de violencia, incluso cuando nunca participan directamente en ellos. Son personas que pueden decidir quién debe morir, coordinar una masacre o establecer las condiciones para que otros ejecuten las acciones.

Esta perspectiva cuestiona la imagen del asesino como un individuo aislado y obliga a observar las estructuras que permiten que ciertos actos violentos ocurran.

Más de veinte años estudiando el crimen

Enrique Zúñiga es licenciado en Psicología por la UNAM y maestro en Criminología y Política Criminal por el Instituto Nacional de Ciencias Penales.

A lo largo de su carrera ha trabajado como criminólogo para la Subsecretaría del Sistema Penitenciario de la Ciudad de México y como visitador adjunto en el Mecanismo Nacional de Prevención de la Tortura y en la Dirección General de Supervisión y Pronunciamientos Penitenciarios de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos.

También colaboró en la Subsecretaría de Derechos Humanos, Población y Migración de la Secretaría de Gobernación, dentro de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados, y formó parte de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en México.

Actualmente es profesor de la Licenciatura en Criminología y de la Maestría en Derechos Humanos de la Universidad Internacional de La Rioja en México, además de docente de asignatura en la Universidad Nacional Rosario Castellanos.

Ha participado como ponente y capacitador en distintos foros e instituciones. En 2022 publicó La pelea por los infiernos. Las mafias que se disputan el negocio de las cárceles en México, también bajo el sello Grijalbo.

Crímenes atroces y la pregunta sobre quién puede convertirse en asesino

El interés de Crímenes atroces no está únicamente en conocer qué hicieron algunos de los criminales entrevistados por Zúñiga. La pregunta de fondo es más difícil de responder: qué puede llevar a una persona a cruzar la frontera entre imaginar la muerte y cometer un asesinato.

La investigación criminológica no siempre ofrece respuestas cómodas ni definitivas. A veces aparecen explicaciones relacionadas con el entorno, las experiencias personales, las relaciones, las emociones o las estructuras de violencia. En otras ocasiones, incluso después de escuchar al responsable, queda una parte imposible de explicar.

El libro parte precisamente de esa incertidumbre para mirar los crímenes violentos desde otro ángulo. No para convertir a sus responsables en personajes fascinantes, sino para recordar que comprender cómo funciona la violencia también implica preguntarse cómo se construye, qué la permite y hasta dónde puede llegar.