El patrimonio de la Ciudad de México también vive en una concha recién horneada, en los árboles que durante generaciones han acompañado a los pueblos originarios y en los conocimientos que pasan de una persona a otra. Esa idea estuvo presente durante la Primera Sesión Extraordinaria de 2026 de la Comisión Interinstitucional del Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México, donde fueron analizadas siete nuevas solicitudes de declaratoria.
La reunión se realizó el 7 de agosto de 2026 en el Museo de la Ciudad de México y puso sobre la mesa propuestas relacionadas con prácticas tradicionales y elementos naturales vinculados con la memoria de distintas comunidades capitalinas.
Las siete solicitudes fueron sometidas a votación para continuar con las gestiones correspondientes a sus respectivos procesos de declaratoria. Una de ellas corresponde al reconocimiento de “Los saberes y prácticas del pan dulce” como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Ciudad de México. Las otras seis plantean reconocer árboles ubicados en pueblos originarios de Tlalpan, Milpa Alta, Xochimilco y La Magdalena Contreras como Patrimonio Natural de la capital.
El pan dulce podría ser reconocido como patrimonio cultural de CDMX
Entre las propuestas destaca la relacionada con los saberes y prácticas del pan dulce tradicional, una actividad presente en la vida cotidiana de la Ciudad de México y que involucra conocimientos transmitidos durante generaciones.
El expediente plantea entender la panadería dulce como un sistema cultural que incluye técnicas, recetas, nomenclaturas, valores simbólicos y prácticas sociales relacionadas con la elaboración, distribución y consumo de estos productos.
La propuesta también pone atención en el trabajo de las y los panaderos bizcocheros, cuyos conocimientos especializados se han transmitido mediante la práctica y la enseñanza oral. La diversidad de recetas y formas de preparación forma parte de un oficio que ha acompañado la vida de las panaderías de barrio.
De avanzar el proceso, la declaratoria permitiría impulsar acciones de documentación, investigación, difusión y salvaguardia de estos conocimientos, con las comunidades portadoras como protagonistas del patrimonio.
Durante la sesión, Julián Castañón Fernández, presidente de la Cámara Nacional de la Industria Panificadora (CANAINPPA), señaló que el expediente representa el testimonio de las tradiciones y de la creatividad desarrollada por el gremio panadero.
Seis árboles podrían convertirse en patrimonio natural de la capital
Las otras seis solicitudes corresponden a árboles considerados relevantes por sus características, antigüedad, ubicación y relación con las comunidades donde se encuentran.
Uno de ellos es el “Magdalena Petlacalco”, un fresno mexicano ubicado en el pueblo del mismo nombre, en la alcaldía Tlalpan. El ejemplar supera los 21 metros de altura y su amplia copa forma parte del paisaje de la comunidad.
Para sus habitantes, el árbol representa un testigo de las transformaciones sociales, territoriales y culturales que han ocurrido en el pueblo a lo largo de varias generaciones.
En el barrio Tula de San Pedro Atocpan, Milpa Alta, se encuentran los llamados “Hermanos de San Pedro Atocpan”, dos fresnos mexicanos de dimensiones excepcionales. Además de su importancia ecológica, forman parte del paisaje cotidiano y funcionan como referentes para quienes viven en la zona.
La tercera propuesta corresponde al árbol “Pochtlan”, ubicado en el pueblo de San Mateo Xalpa, Xochimilco. El ejemplar se encuentra cerca de un altar dedicado a la Virgen, por lo que está relacionado con actividades religiosas, comunitarias y culturales de la localidad.
La lista continúa con el “Fiel Guerrero de San Nicolás Totolapan”, un fresno mexicano situado en la comunidad de San Nicolás Totolapan, en La Magdalena Contreras. Las y los habitantes lo consideran el árbol más antiguo de la localidad y lo reconocen como parte de la historia y del paisaje del pueblo.
Tochihuitl y Zacapan destacan por su valor ambiental e histórico
En el Parque Nacional Fuentes Brotantes de Tlalpan se encuentra el ahuehuete “Tochihuitl”, uno de los ejemplares incluidos en las solicitudes. Con más de 35 metros de altura, destaca dentro de este espacio natural por sus dimensiones y por su relación con la biodiversidad del parque.
El expediente plantea reconocer sus valores ambientales, paisajísticos e históricos y reforzar las medidas destinadas a su conservación.
El sexto árbol propuesto es “Zacapan”, ubicado en Santa María Nativitas, Xochimilco. Este ahuehuete está relacionado, de acuerdo con la tradición oral de la comunidad, con el patrimonio hidráulico de la zona y con los preparativos realizados para recibir al presidente Porfirio Díaz durante la inauguración de la Casa de Bombas número 3.
Por sus características, la propuesta contempla reconocerlo como Árbol Notable y Árbol Histórico, vinculando su dimensión ambiental con la memoria histórica y comunitaria de Xochimilco.
Por qué los árboles también forman parte del patrimonio cultural
Las propuestas presentadas durante la sesión plantean una mirada al patrimonio que rebasa los monumentos y edificios históricos. Un árbol puede formar parte de la memoria de un pueblo, servir como referencia territorial o estar relacionado con prácticas religiosas y comunitarias.
Durante la reunión, Daniel Ruiz Santiago, dictaminador oficial de los expedientes correspondientes a los árboles, señaló que estos ejemplares forman parte de un paisaje cultural construido durante siglos a partir de la relación entre las comunidades originarias y sus árboles históricos.
La sesión también estuvo encabezada por Mariana Gómez Godoy, directora general de Patrimonio Histórico, Artístico y Cultural de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, quien destacó la renovación del Consejo Social Consultivo del Patrimonio Cultural, Natural y Biocultural de la Ciudad de México.
El nuevo consejo está integrado por personas seleccionadas mediante convocatoria pública, con lo que se busca fortalecer la participación ciudadana y la representación social en los procesos de salvaguardia patrimonial.
Las siete propuestas todavía se encuentran dentro de sus respectivos procesos de declaratoria. Su análisis abre una conversación sobre qué elementos de la vida cotidiana, de los territorios y de la memoria comunitaria pueden formar parte del patrimonio de la capital.

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